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Jhony Fredy Ibañez Susara

Historias de vida

Nací el 6 de abril de 1970 en la emblemática zona de Villa El Carmen, en la ciudad de La Paz. Soy hijo de Pedro Ibáñez Apaza (+ 2010), un valeroso colono del lugar, y de Elsa Susara Pilco (+ 2025), oriunda de Collana.

Cursé la primaria en la escuela Irene Nava de Castillo, para luego dar paso a la secundaria iniciando en el histórico colegio Simón Bolívar y concluyendo de segundo a cuarto medio en el colegio Ave María. Mi vocación académica me llevó primero a las aulas de Arquitectura en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), etapa que dejé inconclusa. Con el tiempo, redefiní mi camino profesional estudiando Contaduría General en el ITC de Caranavi y Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Pública de El Alto (UPEA), disciplina en la que hoy me desempeño orgullosamente a nivel Licenciatura.

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SERVICIO MILITAR

El año 1988, apenas concluidos mis estudios en el colegio Ave María, me presenté al servicio militar en el Grupo Aéreo de Defensa Antiaérea (GADA 97), en la ciudad de El Alto. Tras cumplir con el deber patrio, me licencié con el grado de Dragoneante, habiendo prestado servicio como Fusilero Granadero 9 en la quinta escuadra de la tercera compañía. Tuve el honor de ser estafeta de la Jefatura de Instrucción Militar, bajo el mando del entonces Tte. Luis Montaño Pardo y, más adelante, del Tte. Jaime Cuevas Cárdenas —hermano del reconocido futbolista irupaneño Rigoberto Cuevas y descendiente del legendario héroe nacional Rafael Pabón Cuevas—.

LLEGUÉ A CARANAVI

Desde muy pequeño, la radio fue una de mis grandes pasiones. Me fascinaba la locución; con un micrófono de madera en la mano y el silencio de mi casa como audiencia, jugaba a ser la voz del aire. Esa magia infantil terminó marcando mi camino e impulsándome a incursionar en el mundo del entretenimiento como DJ animador.

En ese trayecto tuve la fortuna de cruzarme con verdaderos maestros del oficio, como Russel Maldonado y Hember Zalles, dos grandes del enganche musical. Recorrí escenarios icónicos que dejaron huella en una época inolvidable: El Fogón, La Llave 3, Willys en el Prado —que tiempo después se convertiría en McDonald’s— y la recordada discoteca Flamingo en la calle Mercado.

En ese camino también conocí a Edwin Lazarte, un verdadero experto en equipos de sonido, y a su hermano Ramiro. Fue precisamente de la mano de Edwin que comenzó la gran aventura de mi vida. Un buen día me mandó a Guanay para hacer sonar la discoteca Paladium, de la señora Ana de Arana. Tiempo después, el mismo impulso me llevó hasta Caranavi para atender el local California, del señor José Tapia.

Como le ocurre a muchos en esta tierra, vine pensado en quedarme solo un fin de semana... y terminé quedándome para toda la vida.

MI PASO  POR RADIO ORIGEN

Aquel periodo podría calificarse, sin vacilar, como una de las épocas doradas de mi vida. El sueño de niño se hacía por fin realidad: el viejo micrófono de madera y los anhelos infantiles de ser locutor tomaban forma en el aire. Por entonces aún trabajaba en el local California y tenía las tardes libres, pero el destino cruzó mi camino con el de Adalid Corini Calle, propietario y director de Radio Origen (Organización Radial y de Género).

Inicié mi paso por la emisora conduciendo el programa El Ratón de la Tarde. Con el tiempo, incursioné en la lectura de noticias del mediodía y en espacios como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. También fui parte del icónico programa Los Apaches, donde Adalid encarnaba a «El Gran Jefe Toro Sentado» y mi persona a «El Matonsísimo Kid».

A finales del año 2000 consolidamos un equipo radial extraordinario bajo la dirección de Adalid Corini Calle, integrado por Juan Carlos Cayo Morales, Ever Vinique Chávez, Aldo Padilla Blas, Juan Carlos Rodríguez y mi persona, Jhony Ibáñez Susara.

Eran tiempos dorados de la radio, cuando aún no existían las redes sociales y la magia del dial lo llenaba todo. Vivimos la época dorada de los grandes espectáculos, recibiendo en cabina y entrevistando a agrupaciones de renombre como Las Chicas Mañaneras, Las Agua Bellas, Los Kjarkas y muchos más. Ever, por su parte, brillaba con su popular programa Señor Chichero. Puedo asegurar con orgullo que fuimos la emisora de mayor sintonía.

Más allá del éxito del entretenimiento, marcamos la diferencia realizando innumerables campañas solidarias que tocaron la vida de nuestra gente. De esos años maravillosos nos quedan incontables anécdotas y la satisfacción inolvidable del deber cumplido a través de la palabra.

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